krishnamurti

29 09 2008

La esencia de las enseñanzas de Krishnamurti está contenida en la

declaración que hizo en 1929, cuando dijo: "La Verdad es una tierra sin

caminos". El hombre no puede llegar a ella por medio de ninguna

organización, a través de credos, dogmas, sacerdotes ni rituales, ni tampoco

por medio de conocimientos filosóficos ni técnicas psicológicas. Debe

hallarla mediante el espejo de la relación, mediante la comprensión de los

contenidos de su propia mente; por la observación y no por el análisis

intelectual ni la disección introspectiva.

El hombre ha construido en sí mismo imágenes -religiosas, políticas y

personales- como valla de seguridad. Éstas se manifiestan en forma de

símbolos, ideas y creencias. La carga de dichas imágenes domina el modo de

pensar del hombre, su relación y su vida cotidiana. Estas imágenes son la

causa de nuestros problemas, porque separan a un hombre de otro. Su

percepción de la vida está formada por los conceptos previamente

establecidos en su mente. El contenido de su conciencia es toda su

existencia. Dicho contenido es común a toda la humanidad. La individualidad

es el nombre, la forma y la cultura superficial que ha adquirido de la

tradición y del entorno. La unicidad del ser humano no estriba en la libertad

superficial, sino en la completa liberación del contenido de su conciencia, la

cual es común a toda la humanidad. Así pues, él no es ningún individuo.

La libertad no es una reacción; la libertad no es elección. Es pretensión

del hombre creer que es libre porque puede elegir. La libertad es

observación pura sin dirección alguna, sin temor del castigo, ni recompensa.

La libertad es sin motivo; la libertad no se encuentra al final de la evolución

humana, sino en el primer paso de su existencia. En la observación uno

empieza a descubrir la falta de libertad. La libertad es hallada en el estado

de conciencia alerta y sin elección de nuestra existencia y actividad de cada

día.

El pensamiento es tiempo. El pensamiento nace de la experiencia y de los

conocimientos, los cuales son inseparables del tiempo y del pasado. El tiempo

es el enemigo psicológico del hombre. Nuestra acción está basada en los

conocimientos y por lo tanto en el tiempo, de modo que el hombre es

siempre esclavo del pasado. El pensamiento es siempre limitado y así

nosotros vivimos en constante conflicto y lucha. No existe ninguna evolución

psicológica.

Cuando el hombre se vuelva consciente del movimiento de sus propios

pensamientos, verá la división que hay entre el pensador y el pensamiento,

entre el observador y lo observado, entre la experiencia y el que la vive.

 

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